Para lograr el sueño de tu vida se ha de vencer los
obstáculos a través de la persistencia. Sería tonto desistir cuando llevamos la
delantera, pero todavía es más tonto desistir cuando nos hemos quedado atrás.
Se requiere una gran voluntad para resistir un poco más, pero también se
requiere juicio para saber que la medida del éxito no es la suerte, las
oportunidades del juego, sino la conquista del fracaso. Uno de los mejores
ejemplos al respecto es Zaqueo.
Zaqueo
La fama de
Jesús despertó en el publicano un deseo profundo: “Procuraba ver a Jesús”; pero
no podía, pues era bajo de estatura. Se ha dicho que el jorobado, el que tiene
impedimento físico pronunciado, el que no tiene educación secular y el enano
tienen complejo de inferioridad. Sin embargo, Zaqueo tenía poca educación
secular, era jorobado y enano, pero no tenía complejo de inferioridad. Tenía
confianza en sí mismo y se sentía capaz de llevar a cabo su propósito. En vez
de darse por vencido, buscó alternativas para vencer los obstáculos y lograr su
meta. Zaqueo sabía que al encontrar al Maestro sus dificultades serían, además
de su estatura, el concepto que tenían de él: por ser cobrador de impuestos,
unos los acusaban de dictador, otros de traidor y ladrón. Se pensaba que ese
demérito causaría la reprobación de Jesús, pero el enano visionario no se
frustró por la desventaja física, ni por el concepto que tenían de él,
persistió en su meta y venció. Triunfó, porque desafió el impedimento físico;
venció, porque obvió las críticas de los demás. Logró la hazaña, porque
encontró a Jesús y fue recibido. De esa forma logró su objetivo y se convirtió
en el “pequeño gigante” (Lucas 19: 5, 6).
Beethoven
Se cuenta de un personaje que a los 30 años quedó
sordo, sin embargo, siguió ejecutando sinfonías. Las opiniones y las críticas
llegaron a montón, pero el varón no hizo caso a las murmuraciones y
persistió en su objetivo. Las sinfonías inmortales de este hombre las elaboró y
ejecutó después de su sordera. Quizás hayas oído hablar de él. Se llamaba Beethoven,
de Alemania; considerado el mejor autor y ejecutor de sinfonías de todos los
tiempos.
Juan Milton
Se dice también de un hombre que a los 42 años
quedó ciego, pero siguió escribiendo. Las críticas no se dejaron esperar,
llegaron por toneladas, pero este luchador de la vida; hizo caso omiso a estas
habladurías, y persistió hasta triunfar. La obra inmortal El Paraíso perdido,
la escribió después de su ceguera. Juan Milton era el nombre de este personaje,
originario de Inglaterra.
Cervantes
Floyd Woodword cuenta, que tan pobre era Cervantes
cuando escribió su obra inmortal El Quijote, que no tenía donde vivir y tuvo
que refugiarse en un prostíbulo. Había estado preso por cinco años y medio y
era manco. Escribía en un descansillo de escalera, donde los marineros
borrachos y clientes del lugar caminaban sobre los papeles del genio, dando
puntapiés al tintero y pisoteando la pluma. Miguel de Cervantes Saavedra
escribió no por el ánimo que le daban, si no a pesar del trato ignominioso. No
obstante, terminó el manuscrito.
Fannie Hurst
Se cuenta que Fannie Hurst conquistó el camino
blanco, gracias a la persistencia. Llegó a Nueva York en el año 1815, para
convertir el oficio de escribir en una fortuna. La conversión no llegó
rápidamente, pero llegó. Durante cuatro años, la señorita Hurst conoció por
experiencia propia las aceras de la ciudad de Nueva York. Se pasó días y más
días trabajando, y las noches esperando. Cuando la esperanza se hizo muy débil
no dijo: “Está bien Broadway, tú ganas”, sino que exclamó: “Muy bien, Broadway,
puede que vapulees a mucha gente, pero no a mí. Te voy obligar a rendirte”. Un
editor (The Saturday Evenig Post) le devolvió treinta y seis escritos antes de
que la mujer rompiera el hielo y lograra que le admitieran una historia. El
escritor corriente como el resto de las personas corrientes del mundo, hubiera
desistido al ser rechazado su primer trabajo. Pero la señorita Hurtdestrozó los
zapatos por las calles durante cuatro años, porque estaba decidida a ganar.
Luego llegó el éxito. El hechizo se había roto, el invisible guía había probado
a Fannie Hurst y acababa de salir bien del examen. Desde aquel momento en
adelante los editores se amontonaron a su puerta. El dinero llegó tan
rápidamente, que apenas tenía tiempo para contarlo. Luego la descubrieron
los hombres del cine, y el dinero no vino ya, por cantidades grandes, sino como
una verdadera inundación.
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