jueves, 8 de marzo de 2018

Persistencia 1


Para lograr el sueño de tu vida se ha de vencer los obstáculos a través de la persistencia. Sería tonto desistir cuando llevamos la delantera, pero todavía es más tonto desistir cuando nos hemos quedado atrás. Se requiere una gran voluntad para resistir un poco más, pero también se requiere juicio para saber que la medida del éxito no es la suerte, las oportunidades del juego, sino la conquista del fracaso. Uno de los mejores ejemplos al respecto es Zaqueo.
Zaqueo
 La fama de Jesús despertó en el publicano un deseo profundo: “Procuraba ver a Jesús”; pero no podía, pues era bajo de estatura. Se ha dicho que el jorobado, el que tiene impedimento físico pronunciado, el que no tiene educación secular y el enano tienen complejo de inferioridad. Sin embargo, Zaqueo tenía poca educación secular, era jorobado y enano, pero no tenía complejo de inferioridad. Tenía confianza en sí mismo y se sentía capaz de llevar a cabo su propósito. En vez de darse por vencido, buscó alternativas para vencer los obstáculos y lograr su meta. Zaqueo sabía que al encontrar al Maestro sus dificultades serían, además de su estatura, el concepto que tenían de él: por ser cobrador de impuestos, unos los acusaban de dictador, otros de traidor y ladrón. Se pensaba que ese demérito causaría la reprobación de Jesús, pero el enano visionario no se frustró por la desventaja física, ni por el concepto que tenían de él, persistió en su meta y venció. Triunfó, porque desafió el impedimento físico; venció, porque obvió las críticas de los demás. Logró la hazaña, porque encontró a Jesús y fue recibido. De esa forma logró su objetivo y se convirtió en el “pequeño gigante” (Lucas 19: 5, 6).
Beethoven  
Se cuenta de un personaje que a los 30 años quedó sordo, sin embargo, siguió ejecutando sinfonías. Las opiniones y las críticas llegaron a  montón, pero el varón no hizo caso a las murmuraciones y persistió en su objetivo. Las sinfonías inmortales de este hombre las elaboró y ejecutó después de su sordera. Quizás hayas oído hablar de él. Se llamaba Beethoven, de Alemania; considerado el mejor autor y ejecutor de sinfonías de todos los tiempos.
Juan Milton
Se dice también de un hombre que a los 42 años quedó ciego, pero siguió escribiendo. Las críticas no se dejaron esperar, llegaron por toneladas, pero este luchador de la vida; hizo caso omiso a estas habladurías, y persistió hasta triunfar. La obra inmortal El Paraíso perdido, la escribió después de su ceguera. Juan Milton era el nombre de este personaje, originario de Inglaterra.
Cervantes
Floyd Woodword cuenta, que tan pobre era Cervantes cuando escribió su obra inmortal El Quijote, que no tenía donde vivir y tuvo que refugiarse en un prostíbulo. Había estado preso por cinco años y medio y era manco. Escribía en un descansillo de escalera, donde los marineros borrachos y clientes del lugar caminaban sobre los papeles del genio, dando puntapiés al tintero y pisoteando la pluma. Miguel de Cervantes Saavedra escribió no por el ánimo que le daban, si no a pesar del trato ignominioso. No obstante, terminó el manuscrito.

Fannie Hurst
Se cuenta que Fannie Hurst conquistó el camino blanco, gracias a la persistencia. Llegó a Nueva York en el año 1815, para convertir el oficio de escribir en una fortuna. La conversión no llegó rápidamente, pero llegó. Durante cuatro años, la señorita Hurst conoció por experiencia propia las aceras de la ciudad de Nueva York. Se pasó días y más días trabajando, y las noches esperando. Cuando la esperanza se hizo muy débil no dijo: “Está bien Broadway, tú ganas”, sino que exclamó: “Muy bien, Broadway, puede que vapulees a mucha gente, pero no a mí. Te voy obligar a rendirte”. Un editor (The Saturday Evenig Post) le devolvió treinta y seis escritos antes de que la mujer rompiera el hielo y lograra que le admitieran una historia. El escritor corriente como el resto de las personas corrientes del mundo, hubiera desistido al ser rechazado su primer trabajo. Pero la señorita Hurtdestrozó los zapatos por las calles durante cuatro años, porque estaba decidida a ganar. Luego llegó el éxito. El hechizo se había roto, el invisible guía había probado a Fannie Hurst y acababa de salir bien del examen. Desde aquel momento en adelante los editores se amontonaron a su puerta. El dinero llegó tan rápidamente, que apenas tenía tiempo para contarlo. Luego la  descubrieron los hombres del cine, y el dinero no vino ya, por cantidades grandes, sino como una verdadera inundación.


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